Pifiar: Arg. Acción de errar, desacertar, realizar un mal cálculo. Verbo que va del mundo físico ( “quise pegarle al clavo, le pifié y me martillé un dedo”) al metafórico (“mi novia no quiere volver a salir conmigo, la pifié al dejarla”).
«Las encuestas se equivocaron mucho en esas elecciones.– dijo Trump, que reclama la victoria – Quiero decir que las encuestas realmente se equivocaron. Era una elección que, según ellos, se iba a perder, y no solo se ganó, sino que se ganó por mucho. Y quizá nosotros ayudamos».
Las consultoras de opinión pública la pifian mucho y seguido en Argentina y, muchas veces, sus números suelen ser exactamente opuestos en el favoritismo que se muestra en las encuestas de intención de votos. Despejemos algunas hipótesis:
h1: Las encuestas que se muestran en medios de comunicación no son las mismas que se entregan a los clientes que las encargan: Puede ser y de hecho, es. Pero, por lo general, las diferencias en números entre la verdadera y la publicitada no son tan disimiles. Los pifies de las consultoras van desde los 8 a los 14 puntos porcentuales, cuando declaran un margen de error del +/ -2. Por otra parte, las elecciones de medio término del 26 de octubre a nivel nacional sorprendieron hasta a los propios protagonistas. Todos vaticinaban una elección ajustada, con un oficialismo muy castigado por errores propios, y el resultado fue a favor del partido de Milei por al menos 8 puntos de ventaja.
H2: Los consultores se dejan influir por el clima del palacio y la intuición: Es probable. Ante un primer pifie, puede que la confianza horadada del primer error condicione la lectura sobre el propio territorio. Ejemplifico: La elección nacional de medio término estuvo anticipada por la elección de medio término de la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país y la que concentra el 40% del electorado nacional. En la provincial, el Mileísmo corría como favorito y se esperaba una marea violeta contra el gobernador del peronismo, Kicillof, opositor al oficialismo nacional. El resultado arrojó que el peronismo se llevó casi 14% más de los votos que La Libertad Avanza. Eso cambió la tendencia a nivel nacional, poniendo al gobierno de Milei contra las cuerdas y caldeando el ambiente social y los pasillos de la casa rosada. Para los consultores, Milei podía recortar diferencia de cara las nacionales en la provincia más poblada, pero el resultado rondaría entre 6 y 8 puntos a favor del peronismo. Resultado: ganó el candidato de Milei por un puñado de votos.
Si bien hay múltiples factores que podrían explicar este fenómeno, la comparecencia de las consultoras también tendría que ser por el pifie a nivel nacional. En su gran mayoría, se presumía que el oficialismo sólo triunfaría en 3 o 4 provincias, mientras que ganó en 16 de 24.
h3: Es difícil la lectura de las respuestas de los encuestados en Argentina: muchos consultores alarman, con frecuencia, que existe cada vez más rechazo a responder las encuestas por parte de los consultados. Además, también se advierte algo llamado voto vergonzante, una especie de respuesta conscientemente mentirosa para ocultar el verdadero voto por un candidato con mucho rechazo público. Si esto fuera así, cuando se cruzan las encuestas de intención de voto y las encuestas de aprobación y rechazo de un candidato, por ejemplo, se deberían arrojar probabilidades no de +- 2 (como es usual) sino de +- 10. Más allá de la exageración, el pifie constante genera un efecto negativo para el debate político en relación a la opinión pública nacional.
Todos pifiaron
Casi todos quedamos desorientados después de las elecciones del 26O. La evidencia fueron las improvisaciones de último momento en los locales de campaña después de conocidos los resultados. El peronismo esperaba, claramente, una diferencia porcentual más favorable, y el oficialismo nacional un porcentual empatado, como máximo. Esto quiere decir que el propio equipo de consultoría partidaria pifió en el termómetro electoral, lo cual es sintomático.
Con creciente frecuencia, al menos desde hace una década, la intención de voto para las elecciones nacionales suelen parecerse a una apuesta en la ruleta. Después de cada elección, los medios de comunicación invitan a la empresa consultora que más se acercó o que acertó en los números. Si, lo presentan como un acierto, como si de tiro al blanco se tratara.
Esto no es tanto más problemático para el debate científico como para los soportes para el debate sobre la opinión pública. Desde esta humilde columna, la preocupación sobre los datos duros de la opinión de los argentinos es de una gravedad mayor. Sin posibilidad de contar con razones más o menos claras de saber qué aspectos de interés definen el voto, los analistas de opinión pública barajan infinidad de hipótesis con una firmeza que emula a la de un inmunólogo que logra aislar un virus para su estudio. Cada uno de los especialistas asegura saber cuales fueron las razones por las cuales se votó a tal o cual candidato.
Para las consultoras, la pérdida de credibilidad no parece hacer mella en su negocio. Pero los partidos políticos ¿cómo delinearán su hoja de ruta sin saber las principales razones por las que se definieron los votos de los electores? Si se dejaran llevar por los especialistas, correrían de acá para allá, apuntando mil frentes. Lo que parece claro es que, sin un trabajo serio de opinión pública, es casi imposible establecer una conexión más clara y directa entre los partidos y los ciudadanos.



